Trabaja con la muerte sin miedo

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“La muerte es un sueño profundo. Mi padre siempre me decía que no hay que tenerle miedo. El ser humano, como todo en este mundo, tiene un inicio y un final”. Esta es la filosofía con la que Marcelo Tabango, trabajador de la Sociedad Funeraria Nacional, convive con su trabajo diariamente.

Ha estado ligado con el oficio de la Tanatopraxia desde los 18 años. Este proceso consiste en desinfectar, formolizar y maquillar el cuerpo de una persona fallecida para su velación y posterior entierro.

Tabango siempre tuvo mucha curiosidad de cómo se arreglaba a los seres queridos que se ‘iban’, aunque nunca pensó en dedicarse a este oficio como su vocación. Hasta que un día acompañó a su hermano, que era conductor de una carroza fúnebre, a la morgue.

“Cuando llegamos, fui testigo de la autopsia de una chica de 16 años que estaba embarazada. Fue muy impactante, pero ese fue el inicio de todo”.  

Para Marcelo Tabango, cada nuevo día significa nuevos cuerpos que preparar y una nueva lucha interna con miedos del pasado.

“Cuando comencé en mi trabajo en la funeraria, siguiendo la tradición familiar, ya que mi tío y mi hermano trabajaban antes aquí, se me hizo muy difícil, casi insoportable permanecer en la sala junto a un cadáver”.

Y más de una década después, cada caso es un nuevo impacto para él. Es por ello que que tiene un respeto muy especial por sus ‘pacientes’, como él los llama. Incluso, tiene una oración especial para iniciar su trabajo: El Padre Nuestro.

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Con su experiencia, Tabango explica el proceso de la Tanatopraxia de una manera muy sencilla. “Primero el cuerpo es llevado a una sala de tanatopraxia, donde hay una mesa metálica o de cerámica con su desfogue de líquidos, se lava el cuerpo, se limpia toda raspadura, úlceras o llagas que tenga el cuerpo y se hace una incisión en la yugular para posteriormente colocar el formoleido y al final se maquilla al difunto a gusto de los familiares”.

Pero, cuando un cuerpo llega de la morgue, cuenta Marcelo, se le realiza un proceso completamente diferente al que se realiza en un cuerpo con muerte natural.

“Primero se extraen todos los órganos para luego lavarlos y colocarlos en una funda con formoleido y luego se la vuelve a introducir en el cuerpo para luego coser el pecho de la persona. Posteriormente se formoliza cada extremidad, la cabeza, y el tronco. Se lo viste y se lo maquilla”.

Tabango tiene alrededor de seis a siete cuerpos que preparar en el día. Esta cifra puede variar en días feriados, cuando la cantidad de ‘pacientes’ se incrementan debido a varios factores, los que encabezan los accidentes de tránsito.

Durante los años que ha ejercido su profesión, Marcelo ha sido testigo de varias tragedias reconocidas a nivel nacional, en las que él ha tenido que utilizar su conocimiento y preparar a estas personas para su tránsito perpetuo.

Sucesos lamentables como el incendio de la discoteca Factory en Quito, y el terremoto de 7.8 grados que afectó a Manabí y Esmeraldas, han sido ocasiones de gran lucha interna y de un esfuerzo extra que ha tenido que realizar por las víctimas y sus familias.

“Para las personas que se quieran dedicar a esta profesión, es importante que sepan que deben ser muy valientes y tener un corazón de piedra. Hay tantas enfermedades, tantos casos, tanto sufrimiento, esta profesión es un arte, pero un arte para personas valientes”.  

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