21/12/2018

Alberto Ávila es “profesor de pesebres”

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Para Alberto Ávila, la época navideña tiene un significado muy especial. No necesariamente por la unión familiar o los regalos, sino porque con su trabajo mantiene viva una tradición ecuatoriana que vuelve a la vida durante Navidad.

¿Quién no ha adornado, alguna vez, la sala de su hogar con un “belén” o pesebre para celebrar el nacimiento de Jesús?

Pues Alberto, con su conocimiento en artes y electricidad-una combinación particular-, trabaja como “profesor de pesebres”.

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Las estructuras de madera son las preferidas para la construcción de pesebres

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Este pesebre mide dos metros de largo

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Un horno tradicional hecho de yeso

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Cada septiembre, desde hace 18 años, dicta un taller en el que enseña a construir, desde la base, estos conocidos adornos que engalanan las vísperas de las celebraciones de diciembre.

Para el quiteño de 59 años, esta particular pasión comenzó desde que era muy joven. Cuando cursaba el sexto curso de colegio, él y un compañero de su especialidad en electricidad decidieron que para su proyecto final iban a iluminar las casas coloniales del Centro Histórico de Quito.

Pero, para ello, debían construir, necesariamente una maqueta en la que puedan hacer esta instalación eléctrica.

“La creación estuvo lista en un mes. Los techos, las calles y las luces iban en armonía con la iluminación eléctrica que era lo más importante de nuestro proyecto”-recuerda Ávila.  “Pero la parte visual de la maqueta nos quedó tan perfecta que algo se despertó en mí y supe que quería dedicarme a esto”.

En los años posteriores a su graduación, Alberto trabajó de manera independiente, hasta que llegó su gran oportunidad. En la Casa de la Cultura Ecuatoriana encontró su lugar como técnico teatral. Además de manejar toda la iluminación, él trabaja en construir, pintar y montar la escenografía de estos escenarios creativos.

Por 27 años, ha podido combinar dos de sus especialidades para lograr diseños únicos para cada una de estas puestas en escena, y hace 18 de estos años, emprendió la aventura de convertirse en un “profesor de belenes”.

El primer taller lo dictó en 1.999 en el ex Centro Cultural San Sebastián, donde actualmente se ubica la Iglesia del Señor de la Justicia en Quito. Después de 5 años, se estableció definitivamente en el Taller de la Loma Grande, en la Casa de la Virgen.

Un trabajo y un hogar

Al pasar el  Arco de Santo Domingo, en el centro de la ciudad, se observa la entrada a un garage grande que hace las veces de portal y que da la bienvenida a la Casa de la Virgen. Este lugar es una edificación  que data del año 1.800 y que mantiene su estructura antigua.

Para los cimientos se utilizó piedra, adobe y ladrillo para las paredes y madera para pisos y cubierta. Esta casa mantiene sus dos plantas con corredores y pilares de piedra en la planta baja y de madera para la planta alta.

Las paredes del lugar son testigos de la trayectoria de este espacio cultural. En cada rincón se puede encontrar materiales como pintura, pinceles, granos secos, botellas de plástico, entre otros, que fueron y son la base para estas creaciones.

Es en este sitio donde el trabajo de Ávila y sus alumnos “ve la luz” después de días de ensayo y error.

Alberto describe a la construcción de pesebres como una “puesta en escena en miniatura”, y eso es lo que siempre les dice a sus alumnos: “Esta es la magia de la creación de belenes en miniatura".

“Siempre le puedes poner un toque tuyo, un detalle, un rasgo que lo hará especial. Siempre pido que pueda seguir trabajando con el mismo ahínco por enseñar a otros cómo mantener esta tradición”, manifiesta.

Su familia, también “heredó” ese lado artístico. Su hijo Juan Carlos Ávila, de 28 años, se inclinó por el diseño gráfico. Ha participado con sus bosquejos a carboncillo para que sean utilizados como modelos para los belenes del taller de su padre.

La esposa de Alberto se especializa en manualidades y confección de trajes para danza árabe, misma que es practicada por sus hijas.

Sus talleres se basan en el amor por el arte y la religión. “La parte espiritual tiene mucho que decir y mucho que expresar. Es desde allí que podemos testimoniar que el hacer belenes es una causa que nace de las tradiciones y la vocación cristiana”, afirma.

Los alumnos del taller son amas de casa, otros son trabajadores que, a través del boca a boca, escucharon de esta oportunidad de hacer su propio nacimiento. Y de forma gratuita; solo deben llevar los materiales (cartón, espuma, cinceles, pintura).

Son alrededor de 100 piezas las que “salen” del taller de belenes anual de Alberto Ávila. Lo más importante es que no se quedan en su clase, arrumadas en un rincón, tras la culminación del trabajo, sino que todas se colocarán en estanterías y formarán parte de la muestra de belenes que se realiza cada noviembre.

Además de estos espacios, Alberto dicta un taller de creación de máscaras durante el mes de febrero y otro taller de Artes Plásticas en junio.

“Estas clases-agrega Ávila- no solo dan formación artística gratuita en pintura, escultura, dibujo, escenografía teatral y mini escenografías, sino que permite el crecimiento espiritual de sus miembros”.

“Quisiera que los jóvenes se enamoren del oficio y haya muchos pesebres en el mundo-, afirma este técnico teatral dotado con una alta dosis de creatividad, quien con sus pesebres ha encantado, por años, a propios y extraños, pues cada año, muchos visitantes de Quito aprovechan para darse una pasada por sus obras.







 

 

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