21/2/2019

Dámaris Intriago, entre la medicina molecular y el activismo

Al ser parte de la Red Ecuatoriana de Mujeres Científicas, Dámaris Intriago trabaja para apoyar a las mujeres en ciencia del país
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Se lo debe a lo que se llama “destino”. Dámaris Intriago, de cuatro años, acompañó a sus padres a realizarse unos exámenes de rutina en una clínica de Guayaquil. Las paredes blancas y las luces enceguecedoras pasaron desapercibidos para ella, hasta que una puerta de vaivén le mostró, de reojo, una habitación.

La pequeña observó como pudo el interior de ese cuarto, por el que entraban y salían personas vestidas con mandiles blancos y guantes de látex. Quería saber qué era lo que “se tramaba” ahí adentro.

Dámaris, de niña, en el Jardín de Infantes en su ciudad natal, Guayaquil
Dámaris, de niña, en el Jardín de Infantes en su ciudad natal, Guayaquil

Haló el pantalón de su padre y le dijo al oído toda la curiosidad que sentía sobre ese lugar. La encargada del laboratorio cogió su mano y le presentó lo que se convertiría en su mundo. Como pocos recuerdos de la primera infancia, Dámaris mantiene presente ese día de una manera particular, casi fotográfica.

Los microscopios, tubos de ensayo, placas de Petri, pipetas y demás materiales que albergaba esa habitación se convirtieron en pequeños tesoros para ella.

Nos veremos otra vez

En los años siguientes, los padres de Dámaris continuaron alimentando su interés por el mundo de la ciencia y la lectura. Cada noche, Xavier, su padre, leía para ella y su hermana Giuliana.  Eso caló muy profundo en la educación del hogar. Durante el día, Dámaris practicaba con los kits de experimentos y veía programas de divulgación para niños como “El mundo de Beakman”.

Dámaris en su casa en su ciudad natal, Guayaquil, aprendiendo a utilizar su primera computadora
Dámaris en su casa en su ciudad natal, Guayaquil, aprendiendo a utilizar su primera computadora

Poco a poco, su perspectiva sobre estos pasatiempos se transformó en un modo de vida. Durante su época colegial, se mudó a Quito. Al iniciar la secundaria en la Academia Alianza Internacional, se involucró con la Química e incluso quiso dedicarse a la carrera-tradicional- de Medicina. Pero, su camino se iba a volcar a la ciencia pero con un factor extra: la ayuda social. 

El encuentro definitivo con su futura carrera llegaría de la mano de una de sus primeras mentoras, su profesora de Química, Elizabeth Link. Ella la incentivó a que participe en un taller de Biología Molecular.

Supo que desde la investigación y el estudio científico podría contribuir en lo que ella llama  “salvar el mundo un paso a la vez”.

Una vida de estudios

Al graduarse de su colegio con honores, decidió buscar financiamiento para sus estudios superiores. Decidió aplicar para los exámenes de ingreso en la Universidad San Francisco de Quito, con la posibilidad de ganarse una beca.

Semanas después de rendir estas pruebas fue notificada con la noticia de que había conseguido uno de los puntajes más altos y que era merecedora de la beca “Gregorio Mendel” del Colegio de Ciencias Biológicas y Ambientales (COCIBA).

Inició su carrera en Biología con miras a especializarse en Medicina Molecular. Curiosamente, su intención no era investigar plantas, pero pudo perfeccionar varias técnicas que le iban a servir posteriormente, dentro del laboratorio de Biotecnología Vegetal al realizar su tesis sobre la variabilidad genética del capulí, lo que pudo llevar a una investigación completa sobre el origen -antes desconocido- de la comercialización de este fruto.

Dámaris, el día de su graduación del pregrado, se graduó como Licenciada en Biología
Dámaris, el día de su graduación del pregrado, se graduó como Licenciada en Biología

Al graduarse en Biología pura, la joven quería conjugar su carrera con un posgrado en Medicina Molecular. Para ello, en 2015 aplicó al programa de Becas de Excelencia de la Senescyt para estudiar en el Imperial College de Londres. Una vez más, consiguió su objetivo.

Durante sus prácticas de especialización, se enfocó en estudiar el cáncer de mama luminal A (uno de los más comunes) y los mecanismos moleculares que generaban resistencia a un tratamiento de quimioterapia.

Así mismo, pudo ser parte en varios proyectos de investigación sobre el cáncer de mama en la División de Análisis Molecular del Genoma del Centro Alemán de Investigaciones Oncológicas.

Dentro de la Medicina Molecular

Dámaris realizando su proyecto de investigación de tesis de maestría sobre el cáncer de mama en el Imperial College London
Dámaris realizando su proyecto de investigación de tesis de maestría sobre el cáncer de mama en el Imperial College London

Este campo de estudio tiene como propósito estudiar las estructuras moleculares y celulares que componen el organismo humano y su funcionamiento.

A su vez, los especialistas en esta rama investigan las causas por las que estas estructuras empiezan a funcionar de manera incorrecta, lo que deriva en enfermedades.

“La idea es que al estudiar estas mismas enfermedades a nivel molecular podemos identificar claves o estrategias que nos permitan atacar a la enfermedad desde su origen, con el fin de que los tratamientos sean mucho más eficientes para los pacientes”, puntualiza Intriago.

Contrario a la medicina tradicional, en la que los tratamientos terapeúticos se extrapolan a la población en general debido a que funcionaron en un grupo de personas estudiadas-el llamado “One size fits all”- la medicina molecular da un paso hacia adelante.

El enfoque de este rama es estudiar al paciente como individuo y descubrir cómo una enfermedad específica se comporta en su organismo y, desde este punto, establecer estrategias que sean eficientes para su tratamiento.

Es aquí cuando se habla de la “medicina del futuro”, en la que el paciente va a poder recibir un tratamiento personalizado en el que según su sexo, edad, genoma, lugar en dónde vive, costumbres, entre otros factores, se le suministrará el “antídoto” con la dosis específica que necesita. 

“Esto ahorrará tiempo, dinero, incluso sufrimiento a las personas que tienen que pasar por tortuosos tratamientos que en muchos casos no les funcionan específicamente a ellos”, afirma Dámaris.

La mujer y la ciencia

Trabajando en proyectos de investigación sobre el cáncer de mama en la División de Análisis Molecular del Genoma del Centro Alemán de Investigaciones Oncológicas
Trabajando en proyectos de investigación sobre el cáncer de mama en la División de Análisis Molecular del Genoma del Centro Alemán de Investigaciones Oncológicas

Al ser parte de la Red Ecuatoriana de Mujeres Científicas, Dámaris Intriago trabaja para visibilizar, conocer y apoyar a las mujeres en ciencia del país, y abordar obstáculos con los  que se enfrentan científicas, investigadoras, docentes y estudiantes día a día.

“Estas situaciones pueden ir desde la discriminación, a la falta de reconocimiento y a un ambiente laboral machista”-puntualiza- “Estos comportamientos de invisibilización de la mujer o catalogarla como que no es ‘apta’ para la ciencia, deben desaparecer. Esto hará que más niñas y mujeres accedan a este campo en el Ecuador”.  

“Cuando se es científico no se puede tener un horario fijo. Puedes incluso trabajar los fines de semana o hasta altas horas de la noche, pero lo importante es mantener un ritmo con equilibrio. Siempre es bueno despejar la mente y regresar con una nueva idea o un detalle que percibiste”.

Su día a día pasa entre sus libros, el laboratorio y sobre todo, las ganas de ayudar con su carrera a “salvar el mundo”.


 

Al ser parte de la Red Ecuatoriana de Mujeres Científicas, Dámaris Intriago trabaja para apoyar a las mujeres en ciencia del país
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