Hernán Chinchín, el protector del tesoro fílmico ecuatoriano

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Hernán Chinchín siempre recuerda el primer contacto que tuvo con el cine. Tenía 6 años cuando un extranjero, amigo de su padre, pidió ayuda en la reparación de un instrumento musical. Como garantía de pago, el hombre dejó una caja y dijo que pronto volvería por ella. Nunca lo hizo.

Por respeto, el padre de Hernán no abrió la caja y por meses no supieron lo que contenía. Un día la curiosidad pudo más y decidieron aventurarse a observar que contenía esa misteriosa maleta.

Era un proyector de películas.

En ese entonces,  Riobamba -ciudad en donde vivía en su niñez- era pequeña y no llegaba mucha información, por lo que tuvieron que viajar a otros lugares para entender cómo funcionaba ese aparato.

En uno de esos paseos, el padre de Chinchín consiguió varios rollos que se podían proyectar y los utilizó para sorprender a toda la familia. Entre los primeros filmes que pudieron comprar estaban varias películas de Charles Chaplin y de Walt Disney.

Para Hernán, allí empezó todo. Podía pasar horas viendo las imágenes proyectadas en la pared blanca de su casa.

Después de este evento, otros acontecimientos se conjugaron para que Chinchín se fuera ligando con el mundo del cine, a pesar de haber estudiado Electricidad.

La primera vez que proyectó una película desde el cuarto de control fue una de las mejores experiencias de su vida. Aunque este momento estuvo lleno de contratiempos, ‘La Tigra’, de Camilo Luzuriaga siempre estará en su mente como la primera vez que sus manos hicieron “magia”.

La manera en la que explica su trabajo, da fe de su pasión por el cine y es como si diera una clase magistral frente a los rollos que tiene apilados por todas partes en la Cinemateca de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Para él, la paciencia es un componente importante, porque una reparación puede tomarle hasta tres semanas.

Para él, cada fotograma visto a través de su lupa es especial y merece su extremo cuidado y dedicación. Entre rollos y proyectores, recalca que su misión es que las próximas generaciones vean los verdaderos tesoros que existen en el mundo de la “magia fílmica” y que este arte no se pierda.   

 

 

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