Así es la vida de Esteban Acosta, un arqueólogo en Ecuador

Excavación de un contexto funerario en el Sitio Huataviro - Ibarra - Imbabura / Archivo: Esteban Acosta
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Cuando el ecuatoriano Esteban Acosta leyó un libro que su madre tenía apilado en la biblioteca familiar, una palabra lo encantó: “arqueólogo”. Con solo 10 años, en Chambo, su lugar natal, inició su vida de exploración, turnando su atención, de los libros al campo.

Los juegos y su curiosidad se conjugaron con una fuerte pasión por las películas de acción y de aventuras. Esteban siempre recuerda quedarse hasta altas horas de la noche solo para mirar alguno de los filmes clásicos de Indiana Jones. Soñaba con explorar el mundo y encontrar los secretos perdidos del pasado, como su héroe.

Esteban Acosta, de 33 años, nació en el cantón de Chambo, provincia del Chimborazo
Esteban Acosta, de 33 años, nació en el cantón de Chambo, provincia de Chimborazo

Ya en su adolescencia, cuando empezó su bachillerato en el Colegio San Felipe de Riobamba, supo que eso era a lo que se dedicaría el resto de su vida. En 2003, la decisión de su futura carrera estaba tomada.

“Ya llegaba el final de sexto curso y debía encontrar dónde poder estudiar esta profesión. Mi padre se opuso rotundamente. Me dijo que buscara un oficio en el que paguen mejor, alguna ingeniería”.

Vida de aventuras

Sin embargo, Esteban encontró apoyo en su madre, Lilián Barreno, para seguir con su sueño. Pese a la oposición paterna, pudo iniciar sus estudios en la Universidad Católica en Quito.

En esta institución, la carrera se basaba mayoritariamente en antropología, pero se estudiaba a la par con arqueología. Para Acosta, esta combinación complementaba su perspectiva de lo que esperaba aprender.

Elaboración de una unidad de excavación en el Sitio NL - 30 - La Perla - Pichincha
Elaboración de una unidad de excavación en el Sitio NL - 30 - La Perla - Pichincha

 

“La mayoría de personas piensan que la arqueología sólo se desarrolla en el campo y que al ‘desempolvar’ alguna cerámica ya está el trabajo todo hecho. La verdadera esencia de este oficio consiste en explicar cómo fue el pasado, sus dinámicas, no solo describir el objeto encontrado, sino investigar cómo las personas interactuaron con el objeto”, explicó.

Uno de sus primeros trabajos de campo lo realizó con arqueólogos de la Universidad de Wisconsin. El equipo era encabezado por Ronald Lippi, uno de sus principales mentores en la profesión. Con él, trabajó en un asentamiento inca y yumbo en Palmitopamba, noroccidente de Pichincha.

Kancha Inca en el sitio NL - 20 - Palmitopamba - Pichincha
Kancha Inca en el sitio NL - 20 - Palmitopamba - Pichincha

“Estábamos excavando una pared de piedra inca, y apareció ante nuestros ojos todo un recinto grande”, recuerda. “Fue increíble porque estaba bajo la tierra, a unos 60 centímetros y pudimos encontrar una estructura de piedra y una cancha inca muy conservada. Fue sorprendente y una de las mejores experiencias que pude tener”.

Su carrera lo ha llevado desde las excavaciones de un contexto funerario en el Sitio Huataviro, en Ibarra, a la prospección Arqueológica en "La Rinconada" Valle del Cusín, de San Pablo del Lago y hasta llegar por el momento al norte de Brasil.

Estudia su maestría en arqueología y antropología amazónica en la Universidad Federal de Pará, sobre temas de arqueología histórica en la ciudad brasileña de Belem, desde el siglo XVII, cuando llegaron los portugueses y fundaron el lugar.

Un trabajo de paciencia

Para Esteban, la investigación arqueológica consta de cuatro partes cruciales. La primera es el acercamiento bibliográfico al tema, posteriormente se debe obtener una pregunta de investigación, salir al campo y tomar muestras y registros.

Cuando ya se sabe el lugar en el que se va a investigar, se realizan cuadrículas de 1x1 m o de 2x1 m y se va excavando cada 5 cm o 10 cm. Cada paso es un registro, y se debe describir toda la historia del lugar por capas.

“Se utiliza el badilejo, instrumento del arqueólogo por excelencia, pinzas, brochas-especiales para restos humanos- y vas poco a poco, dibujando, tomando fotos, escribiendo todo lo que ves; como lo haría un forense”, afirma.

Badilejo con mango de goma, el instrumento por excelencia del arqueólogo
Badilejo con mango de goma, el instrumento por excelencia del arqueólogo

“Es un trabajo de paciencia, no se puede excavar con palas y picos y perder toda la riqueza del lugar. Uno debe tomarse su tiempo. Es gracioso cuando las personas nos ven y piensan que no estamos trabajando y hasta se enojan. Pero así es este oficio”, dice entre risas.

Presente y futuro

Actualmente, Esteban está realizando un trabajo conjunto con la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), que se basa en desarrollar un modelo de gestión para el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural para exigir que se realicen los trabajos arqueológicos cuando se requieran. 

Esteban está realizando un trabajo conjunto con la FLACSO
Esteban está realizando un trabajo conjunto con la FLACSO

“En esta profesión no vas a tener un trabajo común y corriente de 8:00 am a 05:00 pm, pero la pasión con la que la ejerces marca la diferencia, por la importancia que conlleva. La arqueología es una antropología del pasado, tratar de que ese pasado sea relevante en el presente para entenderlo”, señaló.

Excavación de un contexto funerario en el Sitio Huataviro - Ibarra - Imbabura / Archivo: Esteban Acosta
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