16/8/2019

‘De niño era un pequeño diablito’, Karl Egloff

20901 Gracias por tu reacción a la noticia Lo sentimos, ya has reaccionado a la noticia Something Wrong. Please try again. 3

¿Cómo te hizo sentir la noticia?

Si escuchas pronunciar el nombre de Karl Egloff, piensas que se trata de algún extranjero radicado en el Ecuador, que trabaja en alguna empresa internacional, o en algún cargo diplomático.

Todo lo contrario, Karl es un quiteño que habla suave, que dice cosas como “qué chévere” o “que al queso” y que, sobre todo, es un deportista de élite en speed climbing (escalada de velocidad).

Alto (1,74), rubio, de piel clara, señala que es una mezcla de sangre ecuatoriana y suiza. “Mi madre era ecuatoriana (Ambato) y mi padre más suizo que el queso ambos se enamoraron y tuvieron este precioso personaje”, señala entre risas.

Karl Egloff nació 16 de marzo de 1981 (38 años), de pequeño recibió educación suiza en la escuela y también en casa, donde colgaba una foto de los “14 ochomiles”.

“¿Cuánto cuesta ir a ese pico?”, le preguntaba de niño a su padre (Karl), que en ese entonces era guía de montaña. “Para mi generación es imposible, pero tú seguro que vas a tener esa cima dentro de los ojos”, le respondía él.

Comenta que de niño le era difícil quedarse quieto; para él nunca existieron jaulas por lo que se califica como un “pequeño diablito”, que sacaba, en ciertas ocasiones, de sus cabales a sus padres.

Pero las dificultades y los retos comenzaron para Karl desde muy joven. Su madre (Elsa) falleció cuando él tenía sólo 15 años. Tiempo después se fue a vivir a Suiza con su padre y sus hermanas.

A Karl le tocó sacrificar los mejores años de pubertad, en los que la mayoría se divierten, para ir a tocar puertas para trabajar en lo que sea para sobrevivir de una u otra forma.

Durante ocho años invirtió tiempo en el balompié en Suiza. Jugó en los clubes FC Zúrich y FC Grasshopper, donde se desempeñó como volante derecho. También se probó en el FC Zúrich Affoltern.

Ganó algo de dinero en trabajos juveniles dispares, consiguió un puesto como guía turístico en Turquía, en Egipto, en Venezuela.

A su regreso a Ecuador, a la edad de 26 años, se empeñó en ser futbolista profesional, pero el exponerse a una fuerte lesión de sus rivales, y la falta de respaldo de su padre, le hicieron abortar aquella aspiración.

No obstante, con el paso del tiempo, agradece que su nombre aparezca en los podios de las ultramaratones, antes que en la alineación de algún equipo.

“No existen Rivales”
Cuando se le pregunta por qué se dedica al “speed climbing”, su respuesta es simple: “por vencerme a mí mismo, soy yo contra la montaña. En este deporte no existen rivalidades personales. Cada uno debe vencer su fantasma, sus propios miedos”.

Entrenarse en esta modalidad no solo demanda un exigente plan de ejercitación física, sino además una estricta gimnasia mental, aquella que ayudará al expedicionario a revitalizarse y no desfallecer en ningún momento.

Según el deportista este aleccionamiento es posible sometiendo al cuerpo siempre al límite, pasando mucho frío, hambre, sed y durmiendo poco. Egloff asegura que eso le ayuda con frecuencia a endurecer el carácter y estar listo para lo peor.

“La escalada de velocidad, es el ascensionismo contrarreloj y refleja lo contrario de lo que es subir tradicionalmente una montaña, donde tú tienes una mochila con equipo, mientras que en este deporte tratas de ser lo más ahorrativo posible en equipo y lo más ligero”, señaló

Por eso, el pasado 21 de junio de 2019, con un tiempo de 7 horas y 40 minutos Karl Egloff ascendió la montaña más alta de Norteamérica y Alaska: el Denali.

Con este crono el ecuatoriano bajó la marca de tiempo impuesta por el español Kilian Jornet en más de dos horas. Kilian detenía el crono en 2014 en 9 horas y 45 minutos. (D)

20901 Gracias por tu reacción a la noticia Lo sentimos, ya has reaccionado a la noticia Something Wrong. Please try again. 3

¿Cómo te hizo sentir la noticia?