Jardines amigables en Quito protegen las aves y el medioambiente

Foto: Cortesía Sandy Espinosa
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El colectivo Aves Quito está empeñado en recuperar los espacios verdes en la capital ecuatoriana. Su objetivo es crear un “Corredor de Jardines Amigables”, para que las aves encuentren refugios en medio de la agitada ciudad.

“Hemos visto como se han ido perdiendo los espacios verdes en la ciudad entonces vemos la necesidad de recuperarlos, de que sean lugares amigables que sean un refugio para las aves y también para otras especies”, explicó Sandy Espinosa, miembro del colectivo, a los Medios Digitales.

Las personas que quieran tener un lugar amigable para las aves en su casa no necesitan tener un gran jardín o mucho espacio. El refugio se puede construir en un balcón o en un pequeño patio. También lo pueden hacer en un área comunal, en el caso de vivir en un conjunto o edificio de departamentos.

Los interesados solo necesitan tener un metro cuadrado de espacio y las ganas de ayudar al medioambiente.  Aves Quito podrá capacitar sobre el tipo de plantas que les gusta a las aves, la comida que deberían colocar, el manejo del agua, entre otros elementos.

¿Cómo preparar el jardín?

Espinosa explicó que se pueden usar plantas de uso medicinal como el matico, algunas florales que sirven de alimento para pinchaflores y abejas (que son las que polinizan el jardín)  y también las plantas florales como la uvilla.

Entre los alimentos que les gustan a las aves están el choclo, el plátano y la papaya. Se puede hacer una mezcla de alpiste y morochillo y colocarlo en un recipiente, mientras que para los colibríes se debe colocar bebederos con agua azucarada (en 200 mililitros colocar dos cucharadas de azúcar).

Es necesario cambiar el agua del bebedero cada dos días, caso contrario el azúcar se reposa y se hace muy dulce para las aves y estas pueden marearse.

Además,  es preciso limpiar a diario los recipientes en los que las aves se bañan o se refrescan. Esa misma agua se puede reutilizar en el jardín.

Hay que ser constantes

Las aves se demoraran un par de meses en encontrar el lugar, pero una vez que lo encuentran se vuelven visitantes frecuentes por lo que hay que ser constantes y persistentes. Si es que  empezamos a poner el alimento hay que seguir poniéndolo a diario.

Así los pequeños visitantes entienden que es un lugar seguro y que pueden visitarlo siempre. Y de repente cada vez más especies, incluso muchas migratorias, empezarán a visitar el jardín. En cualquier área urbana de Quito se pueden ver hasta 20 especies.

  >Lea: Los 10 mejores lugares para ver aves en Quito

¿Cómo ayuda esto al medio ambiente?

Según Sandy Espinosa, un metro cuadrado de cobertura vegetal ayuda a disminuir en 5 grados centígrados la temperatura del ambiente y sirve como un protector del ruido, ya que reduce entre 5 y 10 decibeles del entorno, y es un refugio no solo para las a veces si no para otras especies, como insectos y anfibios.

“Aparte de los beneficios ecológicos, tenemos beneficios para la persona. Se ha comprobado  que si le dedicas una hora a tu jardín estás quemando 200 calorías y disminuyes  en gran medida el estrés”, explicó.

A esto se suman los beneficios de la observación de las aves,  a veces desconocidos. Por ejemplo, si una persona se dedica a identificar los pájaros que llegan a su casa, puede mejorar el oído, la vista y también la concentración. (I)

Foto: Cortesía Sandy Espinosa
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