05/3/2020

Carla Bresciani fomenta el empoderamiento femenino y ambiental a través de sus murales

Foto: Gerónimo Altamirano
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Para la artista plástica Carla Bresciani la vida está llena de colores, especialmente del rojo y turquesa, tonalidades que casi siempre están incluidas en los murales que engalanan varios barrios de Guayaquil.

Esta confesa urdesiña, como se conocen a los habitantes de la ciudadela Urdesa, asegura que el muralismo es una de las expresiones más poderosas del arte plástico. No solo empodera a los habitantes con un sector o una ciudad, sino que además es la oportunidad para alzar una voz, expresar una idea o introducir un mensaje entre las masas.

Se confiesa feminista y utiliza su destreza con la pintura para promover el respeto y la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en la sociedad.  “Mi feminismo se basa en la esencia del feminismo, es decir, en la igualdad de los géneros y que las mujeres debemos apoyarnos entre nosotras y no solo para frenar la violencia que existen contra nosotras sino también para levantarnos el autoestima. Hay mujeres que vienen de familias tan machistas en donde han sido criadas solo para hacer los quehaceres domésticos”, dice.

Bresciani dice que muchas veces las mujeres no se dan cuenta de lo que son capaces de hacer y por eso es fundamental el apoyo. Pone como ejemplo uno de los murales que está en uno de los callejones de la ciudadela Urdesa, que creó junto a 14 estudiantes mujeres de un colegio, idea que nació de las propias adolescentes que querían pintar un mural.

“Eso quiere decir que el mensaje está llegando porque son las nuevas generaciones quienes van a hacer respetar esos cambios, el cambio por el que tanto venimos luchando desde diferentes posturas. Es el tiempo de nosotras”, dice.

El mural Mujer con flores resume –dice la artista- la esencia de las mujeres porque en sus coleros y texturas recoge toda esa diversidad y capacidad que tiene para hacer sin “límite alguno”. 

Es por ello que en varios de los coloridos murales de esta artista constan figuras femeninas como una madre con su hijo o una mujer Valdivia, entre otros.

Empoderamiento de ciudades  

La guayaquileña celebra que haya cada vez más personas dispuesta a replicar su mensaje y le faciliten las paredes de sus casas para que, a manera de lienzos, pueda dar rienda suelta a su imaginación. 

“Siempre estoy en movimiento. Recorro calles y visito barrios buscando paredes y voy tocando puerta por puerta para que me den permiso. Por suerte hay muchas personas que se entusiasman con la idea del mural y mi mensaje. Yo les enseño mi portafolio de Instagram y  aceptan inmediatamente”, dice, emocionada.

Sin embargo, cuenta que en ocasiones se ha topado con personas que se niegan a aceptar porque creen que pintar un mural atenta contra la estética del sector o piensan que van a dejar un mensaje ofensivo. “La gente cree que el muralismo es algo malo y lo asocian con actos vandálicos, incluso me han amenazado con llamar a la policía”.

Pese a ello, no se desmotiva. Más bien es una invitación a seguir trabajando en lo que cree y defiende. “Yo destaco a la mujer y a la naturaleza. Mi arte no es ofensivo y más bien conecta sectores y crea identidad…crea empatías”. 

A manera de anécdota cuenta que en ocasiones le han robado mientras pinta murales y le han ofrecido H (droga). “Sé que son gajes del oficio. Creo en la empatía y me he involucrado al punto de explicarles sobre mi trabajo, de lo que hago y hasta quieren participar. Nos hacemos hasta amigos…vamos creando empatías”. 

Para Carla Bresciani su ideal de ciudad es Valparaíso, Chile, donde el muralismo urbano ocupa un sitial tan importante que inclusive fomenta el turismo, puesto que viajan personas de todo el mundo para autoretratarse con las multicolores calles y escalinatas. 

“Creo que todo Guayaquil debe tener murales. Ya se está haciendo y por zonas, pero falta más”.

Democratización del arte 

La artista destaca además que actualmente el muralismo se ha democratizado al punto que hay varias mujeres involucradas, algo impensable en los tiempos de los “grandes maestros”.

“Antes no ocurría esto. Solo había muralistas hombres y su trabajo era de ellos y solo para ellos. Me pregunto dónde está su legado y quiénes siguieron con su trabajo. Dónde están”, dice.

Por ello destaca a las mujeres valiosas que han hecho del muralismo una de las expresiones más inclusivas. “El muralismo no tiene límites. Hay varias mujeres haciendo cosas interesantes y trabajando en grandes proyectos. Ahora mismo está una guayaquileña (Lasak) en Nueva York representándonos a todas. Es una sensación allá y eso demuestra que las mujeres no tenemos límites”, concluye Bresciani, quien también ha desarrollado trabajos en varios países como Perú, Chile y México. Medios Públicos (I)

Foto: Gerónimo Altamirano
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