Luis Eduardo Vivanco fue mochilero y “hombre de izquierda” a los 18 años

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Luis Eduardo Vivanco solo pidió agua. “Puedo sobrevivir con ella”, aseguró el director del programa de Youtube, ‘Castigo Divino’, en su visita a Ecuador TV para el programa ‘Derechos Reservados’.

Llegó 30 minutos antes de empezar la entrevista. Lo hizo con unas gafas oscuras, una chompa café con capucha ploma, zapatos deportivos y jean. Ese look descomplicado es lo único que guarda de su apariencia de cuando tenía 18 años, ahora “a la muerte de una avispa me pongo terno”, confiesa.

Cabello largo, ropa floja y una guitarra al hombro fueron sus aliados a esa edad, cuando se definía “como un hombre de izquierda”.

Una cita en una embajada a las 12:00 para sacar visa fue la razón de la puntualidad para la entrevista con los Medios Públicos. Durante los 60 minutos de conversación, el reloj fue su principal aliado. “Cuánto falta”, preguntó en más de una ocasión, sin dejar de ver la hora.

Ese apuro solo paró cuando recordó su época de colegio y cuando sus padres lo enviaron a EE.UU. para estudiar por un año. “Le dije a mi ‘viejo’ que estoy convencido de la lucha socialista”, sonríe.

Su viaje no duró el tiempo previsto. Regresó a los 8 meses, por “desencuentros con EE.UU.”.

En 2001 cayeron las torres gemelas y Vivanco estudiaba ya en ese país.  En una clase le dijo a sus compañeros y profesor que EE.UU. debería replantear sus políticas. “Todos me cayeron”, confesó el cofundador del periódico digital ‘La Posta’.

Volvió “peor, odiando a los gringos y a EE.UU.” y  sin “saber qué quería ser en la vida”. Viajó a Bolivia con su mochila y su guitarra. En ese país se alimentó con las monedas que recogió de su música.

Ya en Ecuador se inscribió en la carrera de Periodismo. Pero no quería ser un “periodista a secas”. Decidió especializarse en el periodismo político y “le atiné al gordo”, cuenta el exeditor general de diario La Hora de Quito.

Pero, ¿sigue creyendo en la lucha socialista”. “No me fui curando en el camino”, responde sin dudarlo.

Toma un sorbo de agua  y habla: “Creo en el matrimonio GLBTI, la legalización de la marihuana, pero también en la libertad de empresa y la potencia del sector privado”.

Termina la entrevista, Vivanco mira una vez más el reloj. Se despide, intenta salir, pero ya en la  puerta se regresa. “¿Dónde están mis gafas?”, pide. Le entregan. Se las pone y sale de prisa. (I)